lunes, 26 de abril de 2010

Manduca de gamusino II

Dicen que existe un lugar en el que yo no existo.
¿Puedo ir allí?

martes, 13 de abril de 2010

Deriva

Sr.Libelula: N, per què ja no les sé fer aquestes coses?

N: no ho sé, jo he perdut molt
abans voliem fer més coses
però és que jo he perdut fe amb la gent també

Sr.Libelula: jo no sé si això és fer-se gran, o és tornar-se imbècil
tinc un dubte immens amb això

N: potser és causal

Sr.Libelula: perquè no vull dur una vida de merda, sosa, com la majoria... però tampoc vull ser peter pan
què s'ha de fer en aquests casos, tu que vas per psicòloga?
es que jo faria coses així més aviat "rares", però em fa por fer-les sol, perquè si m'equivoco, més sol em quedaria encara i me fa cagar de por això

N: fa cagar en general

Sr.Libelula: però mira, jo estic convençut que cadascú pot portar la vida que escolleixi, però que igual que em passa a mi, fa por. El que passa, crec jo, es que ens falta confiança en nosaltres mateixos, perquè per la educació o pel que sigui, hem après a dependre de moltes coses i idees que ens fan més mal que bé. A mi em passa, fa mania i en general tendeixo a maquillar-ho amb vanitat, però és la puta veritat.
sol que una persona em seguís el joc... bueno, que juguéssim junts a viure, jo seria capaç de qualsevol cosa extravagant i divertida. Però ningú té valor d'implicar-se, ni jo de fer-ho sol, i cada cop costa més demanar-li coses així a la gent de la meva edat que conec, perquè cadascú fa la seva.
ay que bonito
presioso

N: jajaj doncs si que es molt maco
i jo també crec que cadascú pot portar la vida que escolleix, de fet n'hi han molts exemples, i també penso que ho pots fer sol si t'ho proposes l'únic que has de fer es tenir les coses molt clares i ganes d'aconseguir-ho

Sr.Libelula: sí això és cert, però com dius, si tens les coses clares, ja tens una seguretat en alguna cosa. Però si no (i jo obviament no les tinc clares) has de buscar la seguretat en un altre lloc. He intentat trobar-la en mi mateix però no ho acabo d'aconseguir. Em falta que algú o alguna cosa fora de mi aprobi el que penso per trobar alguna seguretat. Ja sé que és una mica trist, però és així.
en aquesta línia, sempre m'he imaginat vivint amb una mena de familia formada per amics. òbviament només puc pensar en amics que ja conec... però el que deia, que cadascú fa la seva, i jo sento que m'he perdut pel camí.

N: no és que t'hagis perdut pel camí però la gent no pot/no vol viure a la deriva i cadascú s'ha d'agafar a alguna cosa, cadascú fa la seva perquè s'han agafat a aquestes coses, per por a quedar-se sense rumb, i tu potser no tens tanta por a aquesta manera de viure, almenys per ara, i potser et dóna la sensació que cadascú té els seus assumptes i està tothom ocupat, però és el tros de fusta on s'agafen per no esfonsar-se, perquè clarament és com la societat ens ha criat, i et pots desfer d'això però ho portes dintre de sempre i és més còmode anar fent així

Sr.Libelula: potser es simplement qüestió de que mai he viscut la meva adolescència, lo típic d'un grup d'amics que van junts a tot arreu. Mai m'ha passat això. El pis i els dos cops que vaig estar a San Sebastian han sigut el més pròxim a això, potser sí que m'he quedat encallat en alguna etapa. Però de tota manera... no veig perquè s'ha de tenir por a anar a la deriva. Tothom va a la deriva, la humanitat sencera va a la deriva encara que vulgui fer veure que no. Però si hi vas amb la gent que estimes, qué més dóna on et porti la marea?
ai que bonic, haurem de guardar aquesta conversa eh

N: jejeje
sii

lunes, 12 de abril de 2010

Nota de 12 de abril de 2010 – DIAPASONES EXÓTICOS

Nadie a día de hoy conoce a los inventores de estos extraños artilugios, porque pertenecen a una civilización y una técnica que nos son totalmente desconocidas. Estos chismes raros, a los que se les ha bautizado como diapasones exóticos, tienen la propiedad de los diapasones corrientes de emitir un sonido al ser golpeados o de algún modo “activados”. Sin embargo, su forma no es exactamente la simple U de un diapasón corriente, sino que presentan multitud de formas, estructuras y mecanismos que los hacen difícilmente descriptibles de forma genérica. El sonido que emiten es, también, único por cada forma, y en la mayoría de los casos no se limita a una nota estática, sino a una nota vibrante, chirriante, que se transforma en el tiempo, según la forma y el material del diapasón (que a parte de metal puede incluir madera o plástico, entre otros). Su tamaño es variable, pero todos pueden sostenerse con una mano para ser “activados” con la otra. Uno de estos chismes que pude observar, era realmente parecido a un diapasón corriente, con esa forma de U o de Y, con la diferencia de que no era de sección circular, sino cuadrada, mucho más gruesa, y las dos barras que forman la U se retorcían en espiral (cada una sobre sí misma, no entre ellas). Podría bien haber sido una reproducción a pequeña escala de un elemento inédito del “peine de los vientos” de Chillida. Éste en concreto, había que golpearlo para poder oír un sonido agudo, suave y de ondulación lenta. Otro de ellos, podría describirlo como una placa cuadrada de latón, parecido a uno de esos pequeños monederos plegables de cuero. Estaba recubierto de algún plástico muy fino, sin embargo, se intuía en su interior un sutil mecanismo metálico, que terminaba con dos “pestañas” triangulares de latón que sí eran visibles. Al mover una de esas pestañas, la otra se levantaba también, y era al soltarlas cuando un sonido entre metálico y electrónico se desprendía del pequeño cuadradito.

No hay evidencias científicas por el momento, pero se intuye que los sonidos que producen estos diapasones exóticos no son al azar, sino que cumplen alguna función específica, ya sea puramente estética o, lo que es más interesante, una función medicinal conseguida por la activación de ciertas zonas del cerebro a través de las ondas sonoras. Pero de momento esto es un misterio, y habrá que esperar a los resultados de próximas investigaciones.

martes, 6 de abril de 2010

cuatro gatos

01. ¿No sería genial que las historias se escribiesen solas? Que uno se pusiese ante el ordenador mirando a la pantalla y sus dedos se moviesen solos, y sólo tuviese que observar y sonreír, viendo cómo el texto crece y crece, se recompone, se reajusta, y se termina de escribir por sí mismo, como con vida propia.

02. Acabo de traducir un trozo de texto en el que se decía que el lenguaje que uno usa le afecta el ánimo, y hasta su forma de ver el mundo y a sí mismo. ¿Eso no es nada nuevo, verdad? No. Es totalmente cierto. És veritat. It's true. C'est vrai. Kamhomakt. Qué aberración, tal imposición del lenguaje. Quizá cada uno debería inventar el suyo propio, para acercarse así más a su verdadero ser (¿verdadero qué?). Y una vez más, ostracismo.

03. Dibuja un mapa del año que entró. Traza tus metas. Traza luego el camino hacia tus metas. Dibújale floripondios. Luego más floripondios. Luego enmárcalo en un marco rococó. Píntalo con acuarelas. Pero no lo olvides en el cajón.

04. ¿Por qué no hablar así siempre? ¿Por qué no pensar así? ¿Por qué no -y esa es la cuestión- actuar así? Ése. ÉSE!

:)

jueves, 18 de marzo de 2010

Manduca de gamusino I

"EL PERRO DE PABLITO"

Pablito tenía un perro. Un clavo no, un perro. Y el perro tenía cola, como todos los perros. Bueno, es cierto que no todos los perros tienen cola, pero el de Pablito sí, sí tenía. Era un perro muy bonito, un Yorkshire. Pero éste era distinto, tenía las patas muy, pero que muy largas, como las de una jirafa, o más, así que los pelos no le llegaban al suelo, como le pasa algunos Yorkshire. El Yorkshire de Pablito se llamaba Cupido, vaya usted a saber por qué. Lo cierto es que no me parece un nombre bonito, por eso nunca llamé así al perro de Pablito. Siempre le llamé Chucho, menos cuando hacía aquello tan gracioso con la cola, entonces lo llamaba Chuchi. Sí, eso es más horrible incluso que Cupido, JAJA!

La cuestión es que Pablito y yo montábamos en su Yorkshire gigante para dar largos paseos por el valle. Con una escalera plegable de madera subíamos hasta su lomo, luego recogíamos la escalera y la llevábamos con nosotros, para poder bajar, claro. Imagine qué incómodo, Pablito, yo, y una escalera apretujados en el pequeño lomo de un Yorkshire. Más de una vez pensé que el perro no aguantaría, que se partiría por la mitad, o que le flaquearían las piernas, o que uno de los dos caería desde las alturas, o que caería la escalera y nos las veríamos para bajar. Pero nada de eso ocurrió nunca, Cupido aguantó. Qué horroroso nombre, Cupido, para un perro.

Pues paseábamos algunas tardes por el valle, pero el valle era más bonito por las mañanas, cuando iba a hacer sol. Esto es porque la niebla cubría el valle, y nosotros, a lomos de Cupido, tan alto, la veíamos por encima, y todo parecía un inmenso mar de niebla, sólo en algunos sitios la copa de algún árbol asomaba a la superficie. Luego, a medida que el sol iba calentando el valle, la niebla se iba disipando, y aparecían por aquí y por allá los robles, los castaños, los chopos, las vacas, el río, el pueblo de Pablito... y era como si todo hubiese surgido mágicamente de la Nada. Más de una vez pensé que realmente bajo la niebla no había nada... ¡porque Cupido nunca tropezó!

Entonces, al bajar, cogíamos la escalera y la atravesábamos en el río, como si fuera un puente. Nos subíamos en ella y desde ahí, les tirábamos piedras a los peces, para practicar la puntería. Claro que primero recogíamos las piedras de la orrilla, donde se quedaba el chucho. Era muy gracioso verlo beber agua desde la orilla. Como no podía arrodillarse, tenía que despatarrarse para tomar el agua con la lengua, como hacen los perros. Luego el pobre las pasaba canutas para volverse a poner derecho. Pablito corría a ayudarle, pero yo lo pasaba en grande viendo desde la escalera cómo el perro de Pablito intentaba ponerse derecho, y a su amo dándole ánimos, porque el perro tenía su orgullo y en esa situación casi no se dejaba tocar. JAJA!

Un día salimos a pasear sobre Cupido por la falda de la montaña y a Pablito le dio por hablarme de cosas de amor, de esas que tanto le gustan. En un momento me dijo algo muy serio. Yo no le vi la cara seria porque yo iba detrás y él no me miraba, pero digo que era una cosa seria por la voz que puso Pablito al hablar. La cosa es que en ese momento el chuchi empezó a mover la cola de aquella manera que a mí me hacía tanta gracia, y empecé a reír sin poder parar, tanto, que casi me caigo. Luego Pablito no dijo nada más y tuvimos que volver a casa sin tirarle piedras a los peces porque aquél día el chuchi estaba muy raro.

Pues vea usted lo que era aquél perro. Era un perro muy especial y Pablito le tenía mucha estima. Cuánto lloró aquél día que murió. Yo fui al entierro. Iba por Pablito y porque yo también le tenía estima al chucho, pero la verdad, más porque me intrigaba cómo iba a ser su tumba. ¡Era larguísima! Yo le pasaba un brazo por encima a Pablito para consolarle pero por dentro me reía un poco de lo larga que era la tumba. Desde los pies, que era donde estábamos, casi no se veía la lápida. Luego fuimos Pablito y yo a dejarle ahí unas flores. Pablito llorando, pero yo... imagínese lo que me reí cuando vi aquél nombre escrito en la piedra: Cupido. ¡Cupido! ¡Qué nombre más horrendo para un perro!